HOY ES UN BUEN MOMENTO PARA AGRADECER

Soy otra, no hay duda alguna

“Esto no es una despedida, es un renacer”

Dos años después, aún no sé cómo fui capaz de vivir todo lo que viví del 6 de enero al 9 de enero de 2024. Lo recuerdo como si fuera ayer, y aún no me permito regresar a ese exacto momento cuando llegué y la vi esperándome. Aún es muy doloroso regresar, pero aquí sigo. ¡Estoy viva, sobreviví!

Desde 2025 me he permitido sentir, soltar, llorar y, ¿por qué no?, extrañar profundamente. Porque sí, la extraño muchísimo; los extraño muchísimo: mi raíz, mi suelo, mi fundamento, mis corazones. Aunque los siento muy cerquita, aunque sepa que viven en mí, ha sido duro no tenerlos en este mundo material.

Nos enseñaron a ser independientes, a trabajar, a defendernos, a vivir, a ser libres, a amar sin miedo. Pero qué fuerte ha sido vivir sin su abrazo, sin su “todo va a estar bien, hija”, Pá, o un “la vida sigue”, “no te preocupes”, Má.

Sin más, quiero compartirles lo que escribí ese 9 de enero de 2024, y espero que les sirva a los, las y les que estén pasando por algo similar, o a los, las y les que aún no, y que les ayude a transitar lo único inevitable en esta vida: la muerte de un ser amado.


La mayor despedida de mi vida.
Honor a quien honor merece.

Uno nunca está preparado para despedir a nuestra madre, a nuestro padre o a ambos. Y aunque suene contradictorio, creo que toda mi vida me preparé para esa despedida. Necesitaba estar ahí, deseaba estar ahí. Gracias por elegirme y permitirme acompañarte en esa transición, Má; qué gran honor.

Es una experiencia surrealista. Se siente un amor infinito, completo e incondicional. No hay espacio para el miedo; simplemente uno está ahí, dando paz, amor y acompañando al ser querido en ese momento.

¿Será que ella sabía que yo estaba ahí?
¿Cuando completó su transición me vio?
¿Su alma me vio?
¿Realmente me abrazó?

Es increíble cómo existen personas que no saben cómo reaccionar ante la muerte, no saben cómo tocar el tema, tienen miedo de mencionarlo.

Es increíble cómo las personas ajenas a la pérdida personal se lo toman como propio: comentarios como “te marcaré cuando me sienta mejor, aún no me siento bien para hacerlo”. ¿Es real? ¿Se trata de ti? ¿Por qué no dejar lo humano egoísta de un lado y dejar de pensar que se trata de uno mismo, y entender que en esta ocasión se trata del otro? Ser más compasivos, pensar más en el prójimo que en uno mismo, pensar antes de hablar o escribir. Lo único que uno necesita es silencio, acompañamiento, no hay nada más.

Mis grandes maestros han sido y seguirán siendo mi papá y mi mamá; me han enseñado más de lo que pude imaginar.

Yo en 2024


Dos años después, esto es lo que siento cuando pienso en qué les diría hoy:

Gracias, Pá, por prepararme el terreno, ese camino que solo era el inicio de un gran cambio de vida.

Gracias, Má, por permitirme acompañarte en tu transitar. Estaré siempre agradecida porque sé que no fue fácil para ti, pero te prometo —y sé que lo sabes— que sentí mucha paz y amor al verte, tomar tu mano y abrazarte en ese último respiro.

Los amo infinito, los siento cerquita, viven en mí y honro su vida a través de la mía.

Gracias por tanto, por todo.

Andreita, su hija en esta vida y en todas.

    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *